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Xibalbá Sueños / Pesadillas

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Xibalbá es el inframundo maya, el lugar de los muertos y de lo desconocido... Todo, de alguna manera, se conecta con Xibalbá...

De alguna forma, pienso que el lugar en el que nos sumergimos cuando nuestra alma vaga durante nuestras horas de sueño, debe parecerse mucho a Xibalbá... el lugar donde encontramos conocido lo desconocido, atemorizante lo bello, hermoso lo grotesco...

De nuestros sueños surgen historias, que hemos aprendido en algún lugar remoto e impreciso, de algunos labios ocultos y secretos...

¿Son estos, acaso, sueños o pesadillas?  Para algunos serán lo uno, y para los demás, lo otro.  Ni nosotras mismas lo sabemos.  Lo que aquí será relatado, fue visto con los ojos cerrados.  Acompañanos a descubrirlo.

(Advertencia:  Todos los relatos de esta sección, serán basados en sueños, de los cuales la mayoría fueron vividos por Akanyá; y es ella misma quien les dará una estructura literaria.)

El Roce  

Por Akanyá                                     

 

Es una tarde gris como cualquier otra; el ramo de flores entre las manos, la hierba vieja cubriendo el camino y las colinas, y mis pisadas resonando en el silencio.  Los grises promontorios ya me son familiares; vengo aquí con más frecuencia de la que me gustaría y, como son siempre los mismos, ya me es fácil reconocerlos.

 ¿Quién me acompañará ahora?

 Me sale al encuentro del camino.  Ahora ya no pierdo el tiempo temiendo y preguntándome si es igual a mí o es de los “otros”, de los que permanecen aquí.  Simplemente sonrío a la muchacha, porque siempre es agradable tener compañía.  Platicamos poco, muy poco.  Ella también se siente perdida.  Yo la comprendo, y sigo caminando pues estar tantas veces en este mismo sueño me ha hecho reconocerlo como tal.  Dentro de poco despertaré, por tanto, es ilógico sentir miedo.

 Comenzamos a buscar la salida.  Pero ¿y si esta vez es real?  ¿Y si esta vez no estoy soñando?  Las dos queremos salir y avanzamos en el largo corredor que conduce al portón, deseando que aún esté abierto.  Pero no estamos solas, no.  Nos están siguiendo.  Nos están siguiendo y murmuran.  Son muchos.  Son miles...

 “No voltee” me dice ella, mientras toma mi mano.  La de ella esta fría.  Empiezo a caminar más rápido, aún entre la curiosidad de voltear y el temor de hacerlo.  “No voltee” me vuelve a repetir.  Comienzo a rezar, a rezar rápido, casi a gritos; porque ellos, quienes van tras nosotras, están tan cerca que puedo sentir su respiración.  

 Por fin llegamos a la puerta.  Estoy a punto de salir... dos pasos más...

 Y entonces, el más cercano roza mi cabello con su mano fría, mientras murmura algo...

 Despierto.

 Estoy sola, pero en mi lecho tibio y en mi cuarto conocido.   Compongo mi cabello sobre mi almohada, y vuelvo a dormir.